Amanda es una rubia simpática que llegó a la comunidad con la confianza suficiente para decir con Libertad, a veces sin el temor de ser juzgada y otras, corriendo el riesgo de que haya quien no sea de fiar. Pero mientras su revelación contribuya a enriquecer a la comunidad seguirá expresándose

Tomas es a quien llaman “oreja”, porque es de esas personas a quien muchos buscan porque se sienten acogidos en sus decires. Tomás escucha tratando de comprender lo que el otro dice desde si, acerca de lo que le va ocurriendo. Él tiene Fe en quien habla y busca vaciarse de supuestos para tener espacio para lo dicho.

Felipe, quien también escucha con atención, tiene dudas y pregunta para aclarar lo que no entiende. En ocasiones aporta alguna opinión que le parece que enriquece lo dicho y lo escuchado. Es decir, es quien azuza el dialogo, quien da pie al transitar de las palabras entre los dialogantes. Así se va de palabrear a comunicarse, a entenderse entre sí, en el respeto mutuo de perspectivas, de modos de ver diferentes que van entretejiendo un discurso de acuerdos con respecto a lo que el tema plantea y de las relaciones entre ellas. Con el dialogo Felipe sabe que se está dando un paso importante desde la individualidad del decir y escuchar hacia la propuesta conjunta que se hace entre todas y todos.

Perla, quien junto a los demás viene participando en el dialogo, les pide precisar lo que se ha planteado y les propone una toma de postura grupal. Les aclara que, lo que cada quien dijo ha venido a transformarse en una nueva manera de lidiar con el tema y con las relaciones que se han dado entre ellos y ellas y por tanto ningún aporte es mejor o peor que otro, sino que ha dado lugar a una creación que les pertenece al grupo.

Benjamín es inquieto y practico, necesita ver transformadas las palabras en acciones concretas, – buena idea- dice el grupo y, cada uno se encarga de realizar lo que le toca, que como se sabe parte de lo decidido, lo realiza comprometidamente y con gusto.

Para Pedro, ese saberse parte de lo decidido en palabras y obras, lo lleva a pensar que, la evaluación es necesaria para saber cómo va la cosa y, que ha de ser realizada con el concurso de cada uno de la comunidad y con la comunidad entera. La autoridad de la colaboración y no el autoritarismo del poder y la competencia.

Jacinta tenía toda una historia de problemas no resueltos, porque fue enseñada, por su familia de que el conflicto era algo malo. Tuvo y se dio la oportunidad de desaprender ese concepto y ahora viene experimentando que el conflicto es parte de cotidianidad y que lo mejor que nos puede pasar es “hincarle el diente” a lo que nos inquieta y buscar modos de manejarlo, buscando alternativas superadoras y resolver comprendiendo.

David, tan alegre y juguetón. Es el primero en llegar al baile, pero sabe que solo se baila si hay música para hacerlo. Vale decir, solo se celebra cuando hay qué celebrar y es activo en la vivencia de hacer comunidad, de combatir la pobreza de las relaciones insuficientes, de vivir colaborativamente en fraternidad.

¿Escuchas desde quien quiere ser escuchado?